Nota por FORO
Argentina cambió las reglas para los grandes consumos eléctricos nuevos. Desde el 25 de septiembre, proyectos como los data centers deben contratar energía y capacidad de generación nuevas para conectarse. ¿Qué cambia cuando un data center tiene que asegurar, antes de conectarse, con qué generación se va a abastecer?
La Resolución 264 de la Secretaría de Energía argentina, publicada ese día en el Boletín Oficial, cambia algo de fondo. Cuando la red eléctrica es el recurso escaso, el proyecto deja de ser solo un consumidor de infraestructura y empieza a absorber parte del riesgo que genera.
Un campus son dos proyectos: el edificio y la central que lo sostiene.
Pensémoslo así. Desde afuera, un data center grande suele parecerse a un galpón sin ventanas. Por dentro es una máquina que no puede apagarse, y lo que más necesita no es solo terreno: es que la electricidad no falte nunca.
La norma alcanza a los proyectos muy grandes: los que, por sí solos, sumarían una demanda equivalente a al menos el 0,5% de la demanda media de todo el sistema. Esa cuenta la hace CAMMESA, el organismo que opera el mercado eléctrico mayorista. A esos proyectos les pide dos cosas.
La primera es energía: contratos con generación nueva que cubra la mayor parte de lo que van a consumir. La segunda es potencia firme nueva: la capacidad de generación con la que se puede contar, con alta confiabilidad, justo cuando el sistema más la necesita. No es lo mismo. Un parque solar da mucha energía a lo largo del año, pero no está disponible a las nueve de la noche de una ola de frío. Como fuentes de potencia firme, la norma lista centrales térmicas, baterías de seis horas o más, hidroeléctricas y nucleares, entre otras; la solar y la eólica, por sí solas, no figuran.
Para un data center el margen es mayor: tiene que asegurar un 15% más de potencia firme que la que va a usar en su pico, como reserva. Con una cuenta se ve la escala. Un campus que llegue a 500 megawatts tendría que comprometer 575 de potencia firme nueva —cálculo de LOTE—, más de lo que va a usar en su pico. Si no lo logra, paga recargos fuertes por lo que le falta. Y si falta potencia, las restricciones llegan primero a él, antes que al resto de los usuarios.
Cada una de esas exigencias ya existe en otra parte, pero por separado. Irlanda decidió en diciembre de 2025 que los data centers grandes tengan, en el sitio o cerca, generación o almacenamiento equivalente a la capacidad máxima que pueden tomar de la red: traé tu central. Virginia creó en noviembre de 2025 una tarifa para grandes consumos como los data centers: desde 2027, contratos de 14 años y obligación de pagar una parte importante de la capacidad que reserven, la usen o no: pagá lo que reservás. Texas exige, en una ley de 2025, que las cargas de alta tensión que se conecten después de ese año estén preparadas para recortarse si hay que racionar: tenés que poder cortarte. Argentina junta las tres, aunque a su manera: no exige una central en el predio, sino capacidad nueva contratada. Y con otro énfasis que Virginia: allá pesa el dinero; acá, la capacidad.
¿Y dónde quedaría esa central? La resolución no nombra regiones, pero prevé una excepción: en las zonas que generan más electricidad de la que la red puede enviar al resto del sistema, la Secretaría puede reducir, de forma excepcional, la potencia firme que debe asegurar un proyecto, con informe previo de CAMMESA.
Hasta acá, lo que dice la norma. Lo que sigue es una hipótesis de LOTE: si esa excepción se usa, un data center podría empezar a buscar no solo dónde hay tierra y fibra óptica, sino dónde hay energía disponible que hoy no puede salir. La geografía del cómputo se parecería más a la de la energía disponible que a la de la demanda.
FORO — Vertical Política | LOTE
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