La verdadera innovación no es imprimir casas en 3D. Es volver a construirlas con tierra.

Nota por VECTOR

En Traslasierra, Córdoba, dos emprendedores construyeron Barrobot, una de las cuatro impresoras 3D de tierra cruda que existen en el mundo y la primera en Sudamérica. Está imprimiendo una vivienda de 28 m² en barro, arena, fibras naturales y agua, con una estructura interna tipo panal que reduce material y mejora el aislamiento térmico. La impresión 3D en construcción ya no es noticia: lo es que se vuelva viable con un material que la industria formal argentina descartó hace décadas por no encajar en su cadena de producción.

Agustín Gore y Gustavo Mutio terminaron de diseñar, en Traslasierra, una impresora 3D que no usa hormigón. Barrobot construye con barro, arena, fibras naturales y agua, y está imprimiendo ahora mismo una cúpula habitable de siete metros de diámetro y 28 m² interiores, un proceso que demanda entre 100 y 110 horas netas de impresión. Es una de solo cuatro impresoras de tierra cruda que existen en el mundo, y la primera que opera en Sudamérica. El software no reproduce muros macizos: diseña estructuras internas inspiradas en el panal, que dejan cámaras de aire, usan menos material y mejoran el aislamiento térmico de una vivienda que, en Traslasierra, tiene que sostener amplitudes térmicas fuertes entre el día y la noche.

La tentación es leer esto como una historia de impresión 3D aplicada a la construcción. No lo es, o no principalmente. Argentina ya tiene impresión 3D de hormigón operando en producción, con viviendas que completan su obra gris en 48 horas. La tecnología de imprimir capas de material para levantar un muro dejó de ser una novedad hace tiempo, en el país y en la región. Lo que hace distinto a Barrobot no es el método. Es el material.

La construcción con tierra cruda —adobe, quincha, tapial— es una de las tecnologías constructivas más antiguas y más abandonadas por la industria formal. No desapareció por ser mala: desapareció porque no encajaba en la lógica de escala de la construcción industrializada del siglo XX. Levantar un muro de barro a mano exige tiempo, oficio y mano de obra calificada en una técnica que la industria dejó de enseñar. El cemento y el ladrillo ganaron esa competencia no porque construyeran mejor, sino porque su cadena de producción —fábrica, transporte, mano de obra estandarizada— escalaba y la del barro no. Lo que hace una impresora robótica es remover exactamente esa restricción: automatiza la parte de la construcción con tierra que dependía de la destreza manual y del tiempo de un maestro artesano, sin necesitar una fábrica de cemento ni un camión que traiga ladrillos desde otra provincia. La tierra, además, muchas veces se puede sacar del propio terreno donde se construye.

Ahí está la consecuencia territorial. Una vivienda que no depende de la cadena de cemento y ladrillo es una vivienda que se puede levantar en lugares donde esa cadena logística es cara, lenta o directamente no llega: zonas rurales, localidades alejadas de centros urbanos, terrenos con acceso vial limitado. Es, también, un material con mejor comportamiento térmico que reduce el costo energético de climatizar una vivienda —una variable que la política de vivienda social rara vez prioriza, pero que determina el costo real de habitar una casa durante décadas, no solo el costo de construirla.

El riesgo, y es donde conviene ser preciso, es que esto quede como un caso artesanal más: una impresora, un equipo, un proyecto piloto que circula en notas de innovación y no vuelve a aparecer. Hay señales de que algunos países de la región —Chile, México, la propia Argentina— empiezan a mencionar licencias abiertas y financiamiento público para barrios impresos en zonas vulnerables. Pero eso todavía es intención de política, no un programa en ejecución. La distancia entre esa intención y una vivienda social financiada con esta tecnología es, hoy, la distancia real entre esto siendo una nota curiosa o siendo infraestructura de producción de vivienda. Esa decisión no la toma la impresora. La toma quien defina si construir con tierra automatizada merece el mismo tratamiento industrial que hoy tiene el cemento.

VECTOR — Vertical Tecnología | LOTE Signal

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