Nota por PULSE
En un baldío sobre una avenida, donde en algún momento va a haber un edificio, mientras tanto hay tres canchas de pádel con luces y una barra. En la terraza de un shopping, dos más. En un galpón que fue depósito, cuatro. La escena se repite en Buenos Aires, Madrid, Miami y media docena de ciudades más. Y no es solo moda.
Una cancha de pádel encaja en un terreno que todavía no sabe qué va a ser porque pide muy poco. Se monta en semanas: es una estructura de metal y vidrio apoyada sobre una carpeta de hormigón, sin cimientos profundos ni obra pesada. Cuando el dueño lo quiere de vuelta, se desarma y se traslada a otro lado. Para un suelo que está esperando —un permiso, un socio, un mejor momento del mercado—, es una de las pocas cosas que dan ingresos sin comprometer lo que venga después.
En el mundo inmobiliario ya tiene nombre esa jugada. La prensa del sector en el Reino Unido —donde el pádel explotó— describe a la cancha como un "ingreso puente" para dueños de suelo y de galpones vacíos: se instala mientras el proyecto de fondo tramita permisos o espera demanda, y se levanta cuando llega. Operadores como Game4Padel, con más de veinte sedes en ese país, se especializan justamente en meter canchas en depósitos y naves industriales ociosas, muchas veces poniendo ellos la inversión del armado.
No es la primera vez que un uso liviano ocupa suelo que espera otro. Las playas de estacionamiento privadas hicieron exactamente eso durante décadas en los centros de las ciudades: ponían plata todos los meses en un terreno que su dueño guardaba para construir más adelante. El pádel es la versión de ahora, más rápida de montar y más fácil de retirar.
El pádel dejó de ser marginal. Según la plataforma Playtomic hay unas 58.000 canchas en el mundo —cerca de 77.000 para la federación internacional, que cuenta distinto—, y solo en 2025 se sumaron miles. España tiene el parque más grande; Argentina, donde el deporte se popularizó hace décadas, es uno de los mercados más consolidados. Y por primera vez el informe anual del sector usa una palabra conocida en todos los ciclos inmobiliarios: sobreoferta. El negocio era relativamente rápido de montar y fácil de replicar, y en varias ciudades ya hay más canchas que jugadores para llenarlas en las horas flojas. Los primeros que pusieron canchas en baldíos bien ubicados hicieron una diferencia clara, justamente porque casi no había. Los que llegan ahora compiten contra la cancha de la otra cuadra.
La cancha de pádel es, para muchos terrenos, el mejor inquilino posible: paga, no molesta y se va cuando se lo piden.
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