Nota por PULSE
El Monumental se reformó desde 2020 y ahora excava 214 fundaciones para sumar un quinto anillo. Cada etapa se paga con derechos que el club vende por adelantado: el nombre, las noches. Lo que cambia no es el tamaño del estadio: es que deja de ser un edificio terminado.
El martes 6, el Monumental recibió la despedida de Messi con la selección, con las entradas agotadas y precios de 90.000 a 480.000 pesos. En ese mismo estadio, River excava desde abril 214 fundaciones de entre 19 y 30 metros de profundidad, 17.000 metros cúbicos de tierra, para apoyar 50 columnas en V que van a sostener un quinto anillo de unas 16.000 butacas y un techo sobre todas las tribunas. El proyecto cuesta US$ 145 millones más IVA, lo ejecuta Grupo ENG y está pensado para terminar a mediados de 2029.
La ampliación es la noticia de enero. Lo que vale la pena mirar es lo que muestra: no es la primera obra del Monumental, y por cómo está armada, tampoco va a ser la última.
Desde 2020, según resume A24, el club bajó el nivel de la cancha y reorganizó tribunas y palcos hasta llegar a los 85.018 lugares actuales. En 2022, el estadio pasó a llamarse Más Monumental: ChangoMás pagó unos US$ 20 millones por el nombre y, según iProfesional, ese dinero financió cerca de la mitad de la reforma estructural. Ahora, la obra de US$ 145 millones se paga con un crédito de largo plazo, que River va a devolver con los ingresos de la propia ampliación y un acuerdo con Live Nation: US$ 110 millones más IVA por diez años desde 2027, con el naming y al menos 12 recitales por año. El contrato con ChangoMás, que corría hasta 2029, se rescindió antes de tiempo. Desde el 1.° de septiembre, el estadio volvió a llamarse simplemente Monumental, a la espera de un nombre nuevo.
Si se lee la secuencia entera aparece una lógica. En cada etapa, el estadio vende por adelantado un derecho y con eso paga la siguiente obra: primero el nombre, después las noches. Los recitales no eran nuevos en el Monumental; lo que cambia es que pasan a ser un piso garantizado de 12 por año. El dinero que cuesta crecer sale de derechos que el club cobra antes de que la obra termine.
Un edificio terminado se inaugura y se usa. Un estadio así se actualiza. La obra no es un paréntesis entre dos temporadas: es una condición de funcionamiento. River estima que, durante estos 36 meses, va a tener que mudar partidos de local no más de tres veces. El resto del tiempo, el estadio juega, recibe recitales y se construye a la vez.
No es una rareza argentina. Barcelona calculó en 2020 una lógica parecida: pagar las obras del Espai Barça, 725 millones de euros, con más de 150 millones adicionales por temporada, un tercio de naming y patrocinio, un tercio de palcos y asientos premium y un tercio de museo, entradas y estacionamiento. Pero ese cálculo tenía una obra y un plan de repago a 25 años. En el Monumental hay una secuencia: cada etapa deja el siguiente contrato listo para firmar.
Para el barrio, esa diferencia importa. Una obra con fecha de cierre termina. Un estadio que se renueva por etapas deja de tener un momento en que "se terminó". Y en la ciudad el contraste está en cómo se ordena esa convivencia. En Londres, el municipio de Haringey aprobó en 2024 que el estadio del Tottenham tenga hasta 30 eventos grandes no futbolísticos por año, con condiciones: entradas comunitarias gratuitas y una ventana de 24 horas de prioridad de compra para vecinos. Es un instrumento público que fija cuántas noches y a qué costo para el entorno.
En el Monumental, el piso de 12 recitales anuales está escrito en un contrato entre privados. En las fuentes públicas que revisamos no encontramos un tope equivalente ni condiciones comparables para el entorno. River dice que coordina con el Gobierno de la Ciudad desde diciembre de 2023 para cuidar la convivencia con Núñez durante las obras. Puede haber normas que no vimos. Si las hay, no se ven desde afuera.
Lo que cambia, entonces, no es solo la capacidad. Es la naturaleza del activo: de un edificio que se terminaba a una plataforma que se financia, se reforma y se vuelve a financiar mientras sigue funcionando. Y la ciudad vive al lado de una obra sin una fecha de fin que dependa de ella.
Para quien vive cerca, la pregunta ya no es cuándo termina la obra del estadio. Es si alguna vez va a terminar.
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