Las tecnológicas compensan el agua como el carbono. Pero el agua no viaja.

Nota por VECTOR

Google aportará USD 1,2 millones para revestir 2,5 km de un canal de riego en Buin, al sur de Santiago, y recuperar 7,5 millones de m³ de agua al año. Es la forma en que las tecnológicas intentan "devolver" el agua de sus centros de datos: en volumen, como el carbono. Pero el agua es local, y el mismo canal que pierde agua también puede estar recargando un acuífero del que se abastece parte de la ciudad.

En 2027, un tramo de 2,5 kilómetros del Canal Troncal, en Buin, va a dejar de ser de tierra. Se lo va a impermeabilizar y se van a reemplazar doce compuertas. El canal forma parte de una red de unos 200 kilómetros que administra la Asociación de Canales Unidos de Buin y que riega viñedos y huertos frutales de exportación. El proyecto, anunciado el 21 de septiembre por Aguas Andinas, del grupo Veolia, y Google, recuperaría 7,5 millones de metros cúbicos de agua al año, el equivalente al consumo de unos 30.000 hogares chilenos, según informó La Tercera. Google pone USD 1,2 millones. Aguas Andinas construye, mantiene y recibe la mitad del volumen recuperado.

Para entender por qué una empresa de datos paga un canal, hay que mirar cómo se mide el agua en ese mundo. Google se comprometió a reponer, en promedio, el 120% del agua dulce que consume en oficinas y centros de datos para 2030. En su informe ambiental 2026 dice haber repuesto en 2025 cerca de 7.700 millones de galones, alrededor del 78% de su consumo. La cuenta es de volumen: cuánta agua se consume, cuánta se repone. Es la misma lógica de los bonos de carbono. Y conviene no minimizar el proyecto: en un país con más de una década de sequía, 7,5 millones de metros cúbicos no son un gesto simbólico. Para tener una escala, la planta desaladora de Aguas Pacífico, en Puchuncaví, está diseñada para 1.000 litros por segundo, unos 31,5 millones de metros cúbicos al año. Lo que el canal recuperaría sería cerca de un cuarto de eso. Tampoco es el único caso. Amazon Web Services se asoció en la misma cuenca del Maipo con la empresa Kilimo para convertir 67 hectáreas de riego por inundación a riego por goteo, con un ahorro estimado de 200 millones de litros al año. Microsoft también trabajó con Kilimo en proyectos de riego en Chile. Tres de las grandes tecnológicas compensan agua en la misma cuenca.

Pero hay una pregunta que esa cuenta no responde: de dónde salía el agua que se recupera. Un canal de tierra pierde agua, pero esa agua no desaparece: parte se infiltra y puede recargar el acuífero.

La Sociedad del Canal del Maipo publicó hace años el planteo de un especialista: los canales son ineficientes porque infiltran mucho, y esa ineficiencia podía aprovecharse como recarga antes de invertir en revestirlos. Un estudio de 2021 de la consultora portuguesa Water Ways sobre la recarga en la cuenca del Maipo describe un acuífero en régimen de sobreexplotación. Y Aguas Andinas informó que construye doce pozos que aportarían cerca de 1.200 litros por segundo para reforzar el suministro en sequía. No es un argumento contra el proyecto de Buin. Es la pregunta que hace falta para medirlo: cuánta del agua recuperada era pérdida pura, cuánta alimentaba el acuífero y cuánta de la mitad que recibe la empresa de agua cuenta, además, en el balance de Google. El comunicado del proyecto no lo aclara.

Esa duda importa por una diferencia de fondo. En términos climáticos, una tonelada de CO₂ evitada tiene efecto global porque la atmósfera es una sola. El agua no funciona así. Un litro que se ahorra en un canal de Buin no es el litro que sale de un pozo en Quilicura, donde el centro de datos de Google estaba autorizado, ya en 2018, a extraer hasta 50 litros por segundo, más de mil millones de litros al año. Ni el que iba a tomar del acuífero de Santiago un segundo centro de datos en Cerrillos, un proyecto que en 2020 obtuvo aprobación ambiental para usar hasta 169 litros por segundo, que el Tribunal Ambiental anuló parcialmente en 2024 y que Google abandonó ese mismo año para rediseñarlo. En junio, la empresa volvió con una versión enfriada por aire; en septiembre, organizaciones ambientales le pidieron al Servicio de Evaluación Ambiental que la someta a evaluación completa. Es un conflicto por agua sobre la misma cuenca.

La lectura de LOTE es que el agua se está volviendo una moneda de cuenta, y eso tiene una ventaja: obliga a las empresas a hacerse cargo de un recurso que antes pasaba inadvertido. Tiene también un límite: todo lo que se mide en volumen favorece las obras más fáciles de contar. Revestir un canal o instalar riego por goteo se cuentan bien. Dejar de extraer de un acuífero estresado o proteger un humedal, mucho menos. Medir volúmenes es el primer paso. Falta alguien que pueda decir, mapa en mano, de dónde salía cada litro que se devuelve y a quién le hacía falta.

Lo que todavía no tiene dueño es la contabilidad de cuenca.

¿Quién la lleva en Santiago?

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