Nota por ATLAS
En Madrid, durante el South Summit 2025, 140 inversores —68% extranjeros— se cruzaron en tres días con fundadores de 22 países y 17 empresas camino a unicornio: fue el resultado de una infraestructura construida durante años, no un accidente. Barajas conecta hoy 207 destinos en 69 países con 371 rutas —y las plazas hacia América Latina crecieron 8,9% en la última temporada—, mientras IFEMA sostiene casi 900 eventos anuales en 270.000 m². España es el segundo inversor directo en la región, detrás de Estados Unidos: ese corredor de capital, no un ranking de congresos, es lo que hace de Madrid un nodo real. Bogotá, con El Dorado y Corferias, muestra que el mismo patrón ya empieza a jugarse en América Latina.
Durante tres días de mayo, en los pabellones de IFEMA, al norte de Madrid, 140 inversores —el 68% venidos de fuera de España— caminaron entre stands de startups de 22 países buscando, cada uno, la misma cosa: la persona con la que todavía no habían hablado. El South Summit 2025 dejó, al cierre, 17 empresas camino a convertirse en unicornios y cientos de reuniones que nadie había agendado con meses de anticipación. Se armaron ahí, en el pasillo, porque las dos partes estaban, esa semana, en el mismo edificio.
Eso es lo que hace una ciudad-nodo de encuentro: no vende una experiencia ni un skyline. Vende la probabilidad de que la persona que necesitás cruzar esté, esa semana, en el mismo lugar que vos. Y esa probabilidad no aparece sola: se construye, con años de anticipación, con aeropuertos que conectan continentes, centros capaces de alojar a miles de personas al mismo tiempo, y un calendario que las convoque a todas en la misma fecha.
Madrid-Barajas cerró la temporada de invierno 2025-26 con 371 rutas hacia 207 destinos en 69 países, operadas por 78 aerolíneas —y las plazas hacia América Latina crecieron un 8,9% respecto del año anterior, más rápido que el resto de la red del aeropuerto. Esa cifra importa menos por el número en sí que por lo que habilita: que un inversor que sale de Ciudad de México y un fundador que sale de Lisboa puedan aterrizar en la misma ciudad, el mismo día, sin que el viaje de ninguno de los dos duplique en escalas.
A quince minutos de ahí, IFEMA administra 270.000 metros cuadrados repartidos en 13 pabellones y 85 salas —suficiente para sostener casi 900 eventos al año y recibir a 4,3 millones de visitantes y 33.000 expositores. Es, en los hechos, un pueblo temporario que se arma y se desarma cada semana según el rubro que le toque: inmobiliario un lunes, moda al mes siguiente, capital de riesgo en mayo. Nadie construye esa capacidad para un solo evento. Se construye para que la ciudad pueda alojar, todo el año, la reunión que sea.
Lo que distingue a Madrid, sin embargo, no es solamente esa capacidad de alojar gente —Ámsterdam, Fráncfort o Estambul también la tienen, y con más vuelos todavía. Es que administra, además, un corredor de capital específico. España es el segundo inversor directo en América Latina, detrás de Estados Unidos, y más del 30% de toda su inversión saliente se dirige a la región. El sector financiero y asegurador —con Santander y BBVA como base histórica de esa relación, pero lejos de ser los únicos actores que la sostienen hoy— concentra más de un tercio de ese volumen. Eso convierte a Madrid en algo más específico que "una ciudad de negocios": es el punto donde el capital europeo y el mercado latinoamericano todavía tienen más motivos institucionales para cruzarse que en cualquier otra ciudad del continente.
A esa combinación se suma un tercer ingrediente, menos visible pero igual de decisivo: la facilidad para que un extranjero entre, se reúna y se vaya sin fricción. El régimen Schengen resuelve un trámite estándar en 15 a 30 días hábiles, lejos de la incertidumbre de otros mercados —aunque desde 2026 empieza a sumarse ETIAS, un registro electrónico previo incluso para quienes no necesitan visa, una capa nueva cuyo peso real sobre esa ventaja todavía no se puede medir con los datos disponibles.
El mismo patrón, a otra escala, ya empieza a jugarse en América Latina. Bogotá construyó en El Dorado el aeropuerto con más conexiones internacionales de la región —97 destinos—, y en Corferias sostiene más de 280 eventos al año, con 7.000 expositores y una cuarta parte de sus dos millones de visitantes llegando desde fuera del país. Todavía no atrae al mismo tipo de decisor global que cruza por Madrid, pero el mecanismo que está construyendo es idéntico: conectividad más espacio más calendario, sostenido en el tiempo, no una feria aislada que se arma una vez y se olvida.
Existe, además, una tercera escala, todavía mayor: la de una ciudad que no negocia un corredor bilateral sino que concentra encuentro a nivel global, sin importar el origen de quien llega. Singapur, con más congresos internacionales rotativos por año que casi cualquier otra ciudad del mundo, es hoy el ejemplo más nítido de esa versión —prueba de que el mecanismo no tiene una sola escala posible, sino distintas según qué corredor de decisores busque conectar cada ciudad.
Nada de esto ocurre por accidente geográfico. Nadie se cruza con la persona correcta porque la ciudad "quedaba cerca" o porque el clima invitaba: se cruza porque alguien decidió, con años de anticipación, construir el aeropuerto, el pabellón de exposiciones y el calendario de eventos que iban a hacer posible ese cruce. La pregunta que le queda pendiente a cualquier ciudad que todavía no lo logró no es cómo consigue más turistas o mejor reputación. Es qué corredor de decisores, específicamente, quiere construir la infraestructura necesaria para captar.
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