En la frontera norte sobran galpones vacíos. En el Bajío no alcanzan los que hay

Nota por ATLAS

En las ciudades fronterizas del norte de México, la vacancia industrial pasó de rondar el 1% en 2023 a cerca del 7% en 2025, según Prodensa —en Reynosa llegó a 10,41% este año, el nivel más alto en una década—. Mientras tanto, los parques industriales del Bajío (Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, San Luis Potosí) siguen absorbiendo contratos, apostando por generación eléctrica propia y agua garantizada antes que por la cercanía a la frontera. El nearshoring no perdió impulso: cambió la pregunta que un territorio tiene que responder para ganarlo.

Durante los primeros años del nearshoring, la lógica era simple: cuanto más cerca de Estados Unidos, mejor. Tijuana, Juárez y Reynosa se llenaron de galpones nuevos apostando a esa cercanía. Hoy esa apuesta se revirtió, al menos en parte. En Reynosa, la vacancia industrial llegó a 10,41% en el primer trimestre de 2026, el nivel más alto desde 2016, según la consultora DATOZ. Y los desarrolladores, llamativamente, siguen construyendo: la oferta crece más rápido que la demanda que puede absorberla.

El problema no es que las empresas dejaron de querer producir cerca de Estados Unidos. El problema es que la frontera dejó de poder sostener, con la misma certeza de antes, una fábrica funcionando. La Asociación Mexicana de Parques Industriales Privados (AMPIP) relevó que el 91% de los parques industriales del país sufrió al menos un corte de luz durante 2023, y que el 38% recibe menos potencia eléctrica que el mínimo que exige la ley. Ese dato tiene ya un par de años, pero nadie —ni la industria ni el Gobierno— reportó que la situación haya mejorado: en febrero de 2026, la Comce Noreste —la cámara de comercio exterior del noreste del país— seguía diciendo que 4 de cada 10 parques industriales del país tienen problemas para conseguir gas natural. A eso se le suma la sequía recurrente que golpea a varios estados fronterizos, justo donde una planta necesita agua todos los días, no cuando el clima lo permite.

El Bajío —el corredor que forman Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y San Luis Potosí, con más de 150 parques industriales en operación— no tiene ese problema resuelto del todo, pero lo está encarando distinto. Ahí, varios de los desarrollos más nuevos se venden con paneles solares propios, certificaciones ambientales LEED y la promesa de "energía firme": el compromiso de que la fábrica no se va a quedar sin luz en la mitad de un turno. No es casualidad que Querétaro concentre cada vez más manufactura de precisión y aeroespacial —sectores que no pueden darse el lujo de un corte— mientras Guanajuato profundiza su cadena automotriz. La inversión asociada al nearshoring en México llegó a USD 21.251 millones en 2025, un 39% más que el año anterior, según BBVA Research. Esa plata sigue entrando al país. Lo que cambió es a qué territorio, dentro del país, decide ir.

Vale aclarar algo antes de seguir: parte de la desaceleración en la frontera también responde a la incertidumbre por la revisión 2026 del T-MEC, que enfría decisiones de inversión en general. Pero esa incertidumbre afecta a todo México por igual —no explica por qué la vacancia se dispara en la frontera mientras el Bajío sigue absorbiendo contratos. Esa divergencia específica es la que apunta a la infraestructura, no al tratado, como la variable que está reordenando el mapa.

Este patrón no es exclusivo de México. Vietnam lo vivió de forma más aguda en 2023: una ola de calor y niveles bajos en las represas hidroeléctricas obligaron a racionar electricidad en las provincias industriales de Bắc Ninh y Bắc Giang, donde operan Samsung, Foxconn y Canon. Foxconn tuvo que recortar 30% su consumo en las plantas del norte, más de 11.000 empresas aceptaron límites de consumo, y la cámara de comercio europea en Vietnam le pidió por escrito al Gobierno medidas de emergencia. La lección que dejó ese episodio fue la misma que empieza a asomar en México: la mano de obra barata y la ubicación estratégica dejan de ser suficientes si la fábrica no puede confiar en que va a tener electricidad todos los días del año.

India construyó directamente su respuesta a ese problema en el plano. El Corredor Industrial Delhi-Mumbai, que atraviesa 1.483 kilómetros y organiza nueve zonas industriales, tres puertos y seis aeropuertos, incluye —según la documentación oficial del proyecto— una central eléctrica de 4.000 MW pensada específicamente para garantizar el suministro de los parques del corredor: no se agregó después, fue parte del diseño desde el principio. Irlanda, del otro lado del espectro, muestra qué pasa cuando la infraestructura no acompaña: la proporción de electricidad que consumen los centros de datos en Dublín pasó de 5% en 2015 a un 21-22% hacia 2023-2024, hasta superar el consumo de todos los hogares urbanos combinados. Desde noviembre de 2021, el regulador eléctrico de Irlanda exige a los nuevos centros de datos de esa zona llevar su propia generación de respaldo para poder conectarse a la red —una restricción que recién empezó a aflojar a fines de 2025.

Tres geografías distintas, la misma conclusión: cuando la demanda de energía y agua crece más rápido que la capacidad instalada, el territorio que gana no es el más barato ni el más cercano al cliente. Es el que puede firmar, con certeza, que la luz no se va a cortar. En México, ese territorio hoy está a tres horas de la frontera, no sobre ella.

ATLAS — Vertical Territorio | LOTE

Analysis

Newsroom
Recibí inteligencia antes de que se convierta en tendencia
Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Seguir leyendo