Añelo suma catorce proyectos inmobiliarios y sigue sin poder alojar a su gente

Aug 27
Mercado

Nota por PULSE

Las petroleras proyectan US$13.890 millones de inversión en Vaca Muerta para 2026, y esa expectativa ya se tradujo en un mercado inmobiliario acelerado en Añelo, la localidad más cercana a los pozos: catorce proyectos residenciales anunciados en lo que va del año, más de 1.100 unidades y fideicomisos que se ofrecen con rentas de entre 9% y 19,2% anual en dólares. En paralelo, Añelo mantiene un déficit habitacional cercano al 60%, alta vacancia en los alojamientos corporativos caros y un intendente que en junio pidió públicamente que las familias no se mudaran hasta tener trabajo y techo asegurados. La señal: el capital que llega a Añelo está construyendo un producto de renta calibrado para inversores de afuera, en una escala y a un precio que no coinciden con los de la vivienda que la ciudad necesita para funcionar.

Añelo queda a poco más de 100 kilómetros de la ciudad de Neuquén, sobre la meseta, y es el punto habitado más cercano a los pozos de Vaca Muerta. Cada día, unas 25.000 personas hacen ese trayecto de ida y vuelta porque trabajan en la zona y no consiguen dónde alojarse cerca. La localidad que el yacimiento volvió imprescindible no logra alojar a la gente que el yacimiento atrae: entre 2024 y los primeros meses de 2026 sumó más de 3.600 habitantes nuevos sobre una base de pocos miles, y el crecimiento entre censos superó el 140%.

En ese cuello de botella apareció una ola de proyectos. En lo que va de 2026 se anunciaron catorce emprendimientos residenciales en Añelo y sus alrededores, con más de 1.100 unidades sumadas entre todos. La forma en que se ofrecen dice bastante sobre para quién están pensados. "Añelo Nuevo" vende departamentos a US$58.000 al contado y proyecta una renta mensual a partir del séptimo mes. El "Fideicomiso Espacio Añelo" —el primer fideicomiso inmobiliario de Vaca Muerta aprobado por la Comisión Nacional de Valores, en mayo— permite entrar comprando certificados de participación a través de un agente de bolsa y cobrar renta a los 30 días. Un fideicomiso, en criollo, es una bolsa común: varios inversores ponen plata, un administrador construye y alquila, y reparte lo que entra. Los números que se publicitan son de rendimiento: entre 9% y 19,2% anual en dólares, financiación en hasta 144 cuotas, hoteles y complejos corporativos.

Lo que ese dinero levanta es un activo de renta dolarizado —con un ticket de entrada y una tasa de retorno— dirigido a alguien que probablemente no viva en Añelo. Vivienda para el pueblo, en el sentido en que el pueblo la necesita, es otra cosa, y los números lo muestran: el déficit habitacional ronda el 60% y los alojamientos corporativos caros —esos que las petroleras alquilan por bloques para sus cuadrillas— tienen alta vacancia, porque quedan medio vacíos cuando el turno rota. En junio, el intendente Fernando Banderet fue explícito y pidió que las familias no se mudaran hasta tener empleo y techo asegurados. Un intendente que le pide a la gente que no venga a la ciudad que más crece del país es, en sí mismo, la señal de que algo en el mecanismo no está distribuyendo lo que promete.

El patrón no es nuevo. En la cuenca del Permian, en Texas, el trabajo petrolero se aloja hace años en man camps: complejos de módulos tipo dormitorio que las empresas rentan por bloque para empleados que trabajan varias semanas seguidas y después viajan a su casa, que está en otro lado. En Midland, el alquiler promedio llegó a duplicar el de una ciudad vecina sin petróleo. La vivienda que ese tipo de economía genera está calibrada para una nómina rotativa y de sueldo alto, no para el maestro, la enfermera o el empleado municipal que sostienen la vida cotidiana del lugar.

Ahí está la lectura. Cuando la economía de un lugar se reorganiza alrededor de la extracción, su mercado inmobiliario se indexa a dos cosas: el poder de pago de la industria y la expectativa de renta del capital de afuera. La vivienda que se construye es la que cierra con esas dos variables. La otra —la que necesita quien va a quedarse— no aparece sola, porque no rinde igual.

Añelo es el caso donde eso ya se ve, todavía chico y todavía a tiempo. La misma tensión se está armando en cada punto donde el giro exportador aterriza: los pueblos mineros de San Juan, los nodos del agro. La pregunta que queda abierta para quien planifica esos lugares no es cómo atraer inversión —esa ya llegó— sino quién construye la mitad que la inversión no cubre.

PULSE — Vertical Mercado | LOTE

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