La energía ya no alcanza para el crecimiento que Argentina promete

La emergencia energética que ordena el sector eléctrico y gasífero expira el 9 de julio. Su vencimiento llega justo cuando la demanda —empujada por data centers, RIGI e inversión industrial— empieza a tensionar una red que todavía no se expandió al ritmo de las promesas.

El 9 de julio vence la emergencia energética. El régimen que desde su prórroga por decreto ordenó el sector eléctrico y gasífero —generación, transporte, distribución— y mantuvo intervenidos a los entes reguladores llega a su fecha de caducidad esta semana. El dato pasa casi inadvertido en la conversación pública. No debería. Porque el Estado está por soltar una de sus principales herramientas de intervención sobre la energía justo en el momento en que la demanda estructural del país empieza a crecer.

La emergencia energética no fue un tecnicismo. Fue el marco que le dio al Ejecutivo capacidad de intervenir tarifas, readecuar subsidios y conducir a los reguladores sin los tiempos ni los contrapesos del funcionamiento normal. Un régimen de excepción, con todo lo que eso habilita y todo lo que eso concentra. Su vencimiento devuelve al sector a la institucionalidad ordinaria. En abstracto, una buena noticia. En contexto, un problema de timing. Porque el momento en que el Estado pierde esa palanca coincide con el momento en que Argentina promete captar una ola de demanda energética sin precedentes: mega data centers bajo el RIGI, industria pesada con estabilidad fiscal, el cómputo de la inteligencia artificial buscando dónde anclarse. Todo ese crecimiento se apoya sobre una sola condición física: que haya energía firme y suficiente. Y la red que debería proveerla no se expandió al ritmo de los anuncios.

Argentina construyó, en los últimos dos años, un relato de país que atrae capital intensivo. El RIGI y su versión ampliada prometen estabilidad para inversiones de miles de millones. El discurso funciona. Pero el discurso choca con una realidad que la política energética todavía no resolvió: no se puede prometer energía abundante para data centers mientras se administra el sector bajo un régimen de emergencia que, además, ahora se levanta. La promesa de crecimiento y el estado real de la infraestructura apuntan en direcciones distintas. El mega proyecto patagónico frenado hace ocho meses no es un accidente. Es el síntoma. Ningún incentivo fiscal compensa una red que no garantiza los megavatios. La energía no es el telón de fondo del crecimiento digital: es su precondición. Y hoy es también su límite.

Levantar la emergencia obliga a definir qué régimen la reemplaza —y con qué reglas se van a asignar los megavatios que todos los proyectos van a pedir al mismo tiempo. Ahí se juega lo que viene. Quién tiene prioridad cuando la demanda supere a la oferta: ¿el hogar, la industria, el data center? ¿Con qué criterio, decidido por quién, bajo qué marco? Esas preguntas dejaron de ser hipotéticas. El vencimiento de esta semana las pone sobre la mesa sin respuesta. Argentina viene diciendo que está lista para la próxima ola de crecimiento. La energía —su disponibilidad, su reparto, su gobierno— es el examen que todavía no rindió. Y el plazo, esta vez, tiene fecha: 9 de julio.

FORO — Vertical Política | LOTE

Signal

Newsroom
Recibí inteligencia antes de que se convierta en tendencia
Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Seguir leyendo