El clima extremo ya tiene precio en el mercado inmobiliario. En Argentina todavía nadie lo está cobrando

Jul 9
Mercado

Nota por PULSE

La ola de calor de junio de 2026 en Europa —la más extensa jamás documentada, con más de 40°C en Francia, España, Italia y el Reino Unido— aceleró algo que las aseguradoras vienen advirtiendo desde 2025: el riesgo climático ya se está metiendo en el precio de los edificios, antes de que lo haga cualquier regulación. Las reaseguradoras revisan modelos, suben primas y reestructuran cobertura en zonas de calor extremo e inundación; un inmueble en una nueva zona de riesgo ya pierde valor de reventa antes de que el Estado actualice un código de edificación. En Argentina y buena parte de América Latina, ese repricing todavía no arrancó — lo que no significa que el riesgo no exista, sino que todavía nadie lo está poniendo en un balance.

El dato duro es la ola de calor misma: junio de 2026 dejó la que ya se documenta como la más grave y extensa registrada en Europa, con temperaturas diurnas por encima de los 40°C sostenidas en Francia, España, Italia y el Reino Unido. Pero el efecto que le interesa a un lector de mercado no está en el termómetro. Está en lo que ese tipo de eventos —cada vez más frecuentes, no episódicos— le está haciendo a la forma en que se calcula el valor de un edificio. Las aseguradoras y reaseguradoras vienen advirtiendo, desde 2025, que fenómenos como olas de calor, inundaciones y tormentas atípicas ya disparan la cantidad y el costo de los siniestros, y eso las obliga a revisar los modelos de riesgo, aprovisionar más capital y reestructurar las políticas de reaseguro y tarificación.

Esto no es un ajuste contable menor. Es, en los hechos, el primer mecanismo de mercado que empieza a poner un precio explícito al riesgo climático de un inmueble específico —antes que cualquier ley, código de edificación o plan de ordenamiento territorial llegue a hacerlo—. Un caso ya documentado en España es elocuente: un inmueble ubicado en una zona que pasó a integrar una nueva traza de riesgo de inundación, tras un evento tipo DANA, ve caer su valor de reventa de forma directa. No hace falta que un municipio rezonifique el terreno ni que se apruebe una nueva normativa: el mercado de seguros ya corrigió el precio antes. Es el mismo mecanismo, aplicado ahora al calor extremo, que empuja el costo de las coberturas de hogar y comercio al alza en Estados Unidos y en buena parte de Europa.

La otra cara de esta corrección es la revalorización selectiva. Mientras el riesgo climático devalúa activos mal ubicados o mal adaptados, el mercado empieza a pagar una prima por los que sí incorporaron criterios de resiliencia: certificaciones ambientales, materiales que reducen la acumulación de calor, sistemas de enfriamiento pasivo, ubicación fuera de las nuevas trazas de riesgo hídrico. En algunos mercados europeos ya se proyecta que ciertos activos prime, con esos atributos, capturen revalorizaciones de dos dígitos frente al resto del stock. El built environment, en otras palabras, ya está siendo reordenado por el clima —no por una ley que lo obligue, sino por un seguro que decide cuánto cuesta protegerlo.

En Argentina y en buena parte de América Latina, ese mecanismo todavía no se activó con la misma fuerza. Los seguros de hogar y comercio no vienen ajustando primas en función de mapas de riesgo climático de la misma manera sistemática, y el mercado inmobiliario sigue valuando ubicación casi exclusivamente por accesibilidad, infraestructura de servicios y entorno urbano —sin un componente explícito de exposición a calor extremo, inundación o estrés hídrico futuro—. Eso no es una buena noticia: es una demora. El riesgo físico de estar en una zona mal preparada para el clima que ya está ocurriendo no desaparece porque nadie lo esté cobrando todavía; simplemente queda invisible en el balance de cada propietario, cada desarrollador y cada banco que financia una hipoteca, hasta el día en que un evento puntual —una ola de calor, una inundación— lo vuelve visible de golpe.

Ese es el desfasaje que vale la pena mirar desde el territorio y no solo desde las finanzas: la ciudad que hoy se construye o se refinancia en América Latina lo sigue haciendo con reglas de valuación pensadas para un clima que ya cambió en otra parte del mundo. Cuando ese repricing llegue —y todo indica que va a llegar, porque el capital global que reasegura riesgos ya lo está aplicando en otros mercados— no va a avisar con un cambio de norma. Va a aparecer, como en España, como una caída de valor que un propietario descubre el día que intenta vender o refinanciar, no el día que decide dónde construir.

PULSE — Vertical Mercado | LOTE Analysis

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