La verificación que ninguna pantalla resuelve

Jul 30
Mercado

Nota por PULSE

En 2025, un relevamiento presencial en el corredor de datos de Querétaro encontró que diecinueve de veintiún compromisos comunitarios firmados por Microsoft seguían incumplidos — algo que ninguna revisión documental remota había detectado. Las mismas empresas que vendieron la promesa de la distancia cero (Google, Microsoft, Amazon) exigen hoy visitas físicas antes de invertir miles de millones. El patrón se repite en el capital de riesgo: la proximidad geográfica sigue explicando dónde se instalan los fondos y qué empresas financian. Pese a toda la mejora tecnológica, la presencia física no perdió su función: verificar lo que ningún documento remoto puede confirmar del todo.

A fines de 2025, un relevamiento presencial recorrió el perímetro de un proyecto conjunto de Microsoft y UN-Habitat en el corredor de datos de Querétaro, cotejando sobre el terreno los compromisos comunitarios que la compañía había firmado —accesos, mitigación de agua, obra local, unos 3,9 millones de dólares en total. De veintiún compromisos, diecinueve seguían incumplidos. Nada de eso se había detectado en la revisión documental remota que precedió esa visita: en el expediente, el proyecto avanzaba dentro de lo previsto. Hizo falta caminar el predio para encontrar la diferencia entre lo que el papel decía y lo que el barrio efectivamente tenía.

La escena tiene una ironía que vale la pena mirar de cerca. Microsoft, Amazon y Google son, literalmente, las empresas que construyeron la promesa de que la distancia dejó de importar: la nube que permite operar una fábrica en Chile desde una oficina en Seattle, la videollamada que reemplaza el viaje, el dato que viaja a la velocidad de la luz en vez de en avión. Y sin embargo, cuando esas mismas empresas tienen que decidir dónde poner miles de millones de dólares propios, ninguna se conforma con un tour virtual o un data room. Exigen una visita física al predio antes de firmar: alguien tiene que confirmar in situ el agua disponible, la energía de la red local, el estado real del terreno —y, como mostró Querétaro, si la comunidad de alrededor recibió lo que le prometieron. Google, Microsoft y AWS invirtieron juntas más de 12.000 millones de dólares en la región desde 2020 —solo AWS anunció 5.000 millones para su propia nube ahí—, y en paralelo Amazon comprometió otros 4.000 millones en infraestructura de datos en Chile. Ningún dato remoto reemplazó esa caminata.

El mismo patrón, con mucha más evidencia acumulada, aparece en el capital de riesgo: una industria que debería ser, si alguna lo es, indiferente a la distancia, porque lo que financia —código, propiedad intelectual, un modelo de negocio— es de lo más fácil de transmitir por internet. Y sin embargo el venture capital estadounidense sigue organizado, treinta años después de la masificación de internet, alrededor de tres códigos postales. San Francisco, Boston y Nueva York concentran cerca de la mitad de todas las firmas de VC del país, según un relevamiento de tres décadas de datos hecho por los economistas Henry Chen, Paul Gompers, Anna Kovner y Josh Lerner. Y esas firmas, las que están cerca de las startups que financian, rinden sistemáticamente mejor que las que operan a distancia, en cualquier etapa de inversión. La proximidad no es una preferencia estética. Es la variable que explica, todavía hoy, dónde una firma decide abrir su próxima oficina.

La prueba más contundente de que esa proximidad hace algo —y no es solo una correlación entre inversores que ya se conocían de antes— viene de un estudio que convirtió una casualidad logística en experimento. Los economistas Shai Bernstein, Xavier Giroud y Robert Townsend estudiaron qué pasa con una startup financiada por VC cuando una aerolínea —sin ninguna relación con la empresa ni con el fondo— abre una nueva ruta directa entre las dos ciudades donde operan inversor y empresa. El tiempo de viaje baja porque alguien en una aerolínea decidió abrir esa ruta, no porque el inversor de golpe confíe más en el fundador. Y sin embargo, cuando ese vuelo aparece, la empresa financiada produce en promedio 3,1% más patentes, esas patentes reciben 5,8% más citas, su probabilidad de salir a bolsa sube 1 punto porcentual y la de tener una salida exitosa, 1,4 puntos. El 86% de los inversores de VC consultados por separado coincide en que un vuelo directo aumenta el tiempo real que dedican a supervisar a sus empresas. No es que viajar más los haga sentir mejor. Es que viajar más les permite monitorear mejor una operación que, a distancia, es más difícil de verificar.

Ahí aparece la pregunta que de verdad importa: ¿qué parte de una decisión de capital se resuelve con información, y qué parte necesita otra cosa? Una encuesta a gran escala a 885 inversores de venture capital, liderada también por Gompers junto a William Gornall, Steven Kaplan e Ilya Strebulaev, midió justamente eso —y la respuesta no fue la esperable. El criterio de selección más importante para casi la mitad de los inversores encuestados (47%) no es el producto, ni el mercado, ni la tecnología: es el equipo fundador. El 95% de las firmas lo considera un factor relevante en la decisión. Un producto se puede describir en un deck. Un mercado se puede dimensionar con datos públicos. Pero evaluar si un equipo va a ejecutar bien bajo presión, si va a decir la verdad cuando algo sale mal, si tiene la resistencia para sostener años de trabajo sin garantías, no cabe en un PDF. Es la variable menos transferible a una pantalla, y es, casi por descarte, la que termina resolviéndose en persona: no una cuestión de contactos, sino una forma de verificación de carácter y capacidad de ejecución que ninguna llamada logra reemplazar del todo.

Visto así, Querétaro y Silicon Valley están resolviendo el mismo problema con la misma herramienta. En el terreno mexicano, la presencia física verificó si una infraestructura física —agua, energía, compromisos con la comunidad— era lo que el expediente decía que era. En el capital de riesgo estadounidense, la presencia física verifica si un equipo humano es lo que el pitch dice que es. En ningún caso la tecnología falló en lo que promete: cualquiera puede ver el mismo deck, el mismo estudio de impacto ambiental, el mismo modelo financiero desde cualquier oficina del mundo, en tiempo real. Lo que la conectividad nunca prometió resolver, y no resolvió, es cuánto se puede confiar en que lo que el documento describe coincide con lo que hay del otro lado. Esa pregunta, todavía, se responde mejor caminando el terreno o sentado frente al equipo que se está por financiar —no porque la tecnología no haya mejorado, sino porque nunca fue diseñada para responder esa pregunta en particular.

PULSE — Vertical Mercado | LOTE

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